Cuando el bus se fue sin mí
Este año empecé mi viaje anual con un evento inesperado: perdí mi equipaje.
Tomé un bus de Londres hacia mi destino final en Inglaterra. Cuando el bus se detuvo para un descanso, decidí buscar un baño. Cuando regresé, sin haber encontrado baño, el bus se había ido. Estaba sola, solo con mi teléfono, en algún lugar de Inglaterra y de noche.
Lo primero que hice fue acercarme a alguien y pedir ayuda. Unas chicas muy amables llamaron a mi amiga y me ayudaron. Aun así, todas mis pertenencias se habían ido: pasaporte, ropa, billetera, laptop. Pensé: “Las recuperaré mañana”.
Pues bien, después de una semana sin saber si recuperaría mis cosas, la compañía de buses finalmente me envió un mensaje para recoger mi equipaje. Muchas lecciones aprendidas.
Ahora, de vuelta en Perú reflexionando sobre esto, me doy cuenta de que tengo mucha resiliencia. Soy desapegada de las cosas en general, y sé que todo se resuelve con el tiempo.
Un buen ejemplo: olvidé una bolsa llena de dulces y chocolates en Suiza que había ido coleccionando en distintos museos y ciudades. La mayoría de las personas a las que se lo conté se horrorizaron: “¡Oh no! ¡Cómo pudiste!”. Yo estaba tranquila. Lo acepté.
Claro que me encantan los chocolates. Pero he aprendido a aceptar lo que no está bajo mi control.
Por suerte, mi amiga peruana viaja esta semana a Suiza, y otra amiga en Basilea viajará a Berna para entregarle mi preciada bolsa.
¿Coincidencia? Yo creo que no. Confianza.